Nacer en Sábado

mayo 1, 2007 at 5:22 pm (Para el espíritu)

02 febrero

Cuentan en los pueblos que el niño/a que nace en sábado es capaz de escuchar crecer la hierba.

Y todos sabemos que a la sabiduría popular no se le discute.

Aquel sábado, según dicen, hacía mucho frío, y el frío, en los hospitales, se acentúa notablemente.

Allí una madre y una niña luchaban, una por dar vida, la otra por vivir.

Esa lucha por mantenerse viva luego fue una constante en su vida. Aquel cordón umbilical apretando su cuello fue la metáfora primera de cómo sentiría el mundo aquella niña durante mucho tiempo.

Las separaron durante ocho días y en realidad, aquella separación marcó su relación materno-filial. Pero esta es otra historia y otro momento.

La niña fue creciendo y dándose cuenta poco a poco de que era diferente.

Aquellas miradas, esas sonrisas, las voces, los sueños, las lágrimas…todo despertaba un mundo inexplorado de sensaciones que la desconcertaban, y no, no le pasaba a nadie más. Algunas presencias le daban escalofríos y otras la levantaban un palmo del suelo. Se pasaba el día y la noche temblando, volando, quedándose sin aliento…y necesitaba paz, necesitaba saber si aquello que vivía tenía algún sentido.

Y lo supo. Vaya si lo descubrió.

Tenía quince años y se encontraba en uno de sus paseos en el parque de al lado de su casa. Se había tumbado, como siempre que se acercaba el verano al lado de su árbol favorito. Era un sauce, de esos llorones, con las ramas cayendo, envolviéndola y atrapándola; dependiendo del viento, los rayos de sol incipiente la tocaban en un baile de calor y sombras. Tenía las manos extendidas sobre la hierba, jugando con ella, orquestando sonidos sólo oídos en su cabeza cuando de repente sintió el escalofrío.

Abrió los ojos de golpe y allí estaba sentado a su lado mirándola fijamente, descaradamente incluso, la presencia que la salvaría de su incertidumbre.

-          “Yo te conozco. Eres Lucía”.

Su voz sonaba dulce y relajada. Lucía se incorporó y asintió sin dejar de observarle. No, no le recordaba, no le había visto antes. ¿Quién era?

-          “Soy Salvador, Lucía, tú no me conoces, pero yo a ti sí. Sé que suena raro, pero escucha, no tengas miedo.”

Lucía no lo tenía. Su voz le resultaba tranquilizadora y algo familiar. Había aprendido a confiar en sus voces interiores que nunca le mentían, y aquel chico rubio delgaducho de unos veintitantos, calculó, no le iba a hacer ningún mal. Muy al contrario.

-          “Te preguntarás muchas cosas, porque sé que eres especial. Quería decirte que no estás sola. Te conozco de mis sueños, como a algunos otros. Sé que tú también tienes esos sueños y que sientes cosas que no puedes explicar a los demás. También sé que lloras por no entenderlo. A mí me ocurría. Por eso estoy aquí Lucía. Para que sepas que no estás sola y borrar tus lágrimas y que me regales una sonrisa que debe ser eterna, porque tu sonrisa es tu salvación y la de los demás. Ese es tu verdadero don. No te preocupes por lo demás, el tiempo es el mejor maestro, no te quepa duda. Algún día tú también secarás las lágrimas a alguien como nosotros. Somos muchos los que nacimos un sábado… Sonríe Lucía…”

Y así, con esta simple frase, dejó a Lucía presa de una tranquilidad como nunca había sentido, con una sonrisa llena de esperanza y como no, a dos palmos del suelo.

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2 comentarios

  1. simon said,

    buena historia:)

  2. ana valencia said,

    Esta hermosa y me identifike
    Mucho gracias! Mil gracias x
    algunas razon llegue asta este
    Lugar(♤_♤)

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